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En Octubre de 1988, el pintor Colombiano MARIO LOZANO ANDRADE ingresó al Hospital Elmhurst de Nueva York con un traumatismo cerebral de pronóstico reservado. La parte derecha de su cuerpo mostraba síntomas de una parálisis severa y los médicos guardaban una discreta reserva acerca de sus posibilidades de recuperación. Su carrera artística parecía haber llegado a su fin.
Nacido en Cali en 1942, había iniciado su vida profesional en Valparaíso(Chile) en el año de 1970, después de haber concluído sus estudios en la Academia de Bellas Artes de Viña del Mar, bajo los auspicios de la Universidad de Chile en la que simultáneamente adelantaba estudios de Filosofía y Letras. Desde entonces hasta la fecha ha participado en más de 30 exposiciones colectivas y ha realizado más de 25 exposiciones individuales en países tan exigentes como Alemania, los EE.UU., Brasil, Chile, Guatemala, Venezuela entre otros, y antes de su derrame cerebral había representado a Colombia en eventos artísticos internacionales en la ciudad de Nueva York, donde se había residenciado hacía ya más de siete años. Su obra había llamado la atención de críticos internacionales como Peter Bloch que en la Exposición Internacional Colectiva del Jacob Javit Center de 1985 le había prometido un comentario en el caso de efectuar una muestra personal en el año siguiente, ya que en ésta formaba parte del selecto grupo de L.I.R.A. (Latin International Regional Artists).
Por otra parte, los procesos creativos parecían haberse detenido y el artista dedicó entonces su tiempo a la ejecución de paisajes, bodegones y motivos florales a la espera del retorno de las musas. "Mi mano ya estaba firme para apretar el pincel o disparar el aerógrafo; mi vista había recuperado su precisión y su sutileza para mezclar los colores. Pero faltaba lo más importante: la inspiración". Corría por entonces la segunda mitad del año 1993 y tenía una atractiva propuesta para exponer en una prestigiosa galería de la ciudad de Boston. El desafío era grande...
"Retomando de aquí y de allá alguna parte de mi anterior alfabeto plástico, construí algunas nuevas creaciones y logré unas tres obras cuyo lenguaje no me era claro todavía".
"Y ocurrió el segundo milagro que permitió que en mi cerebro explotara lo que llamé más tarde la "Sinfonía de las Esferas". Ese milagro fué el Amor, pues por esas cosas extrañas del destino, fué la ciudad de Nueva York la que Dios quiso poner en mi camino para encontrar a Maria Gema, mi adorable socia, modelo, representante, consejera, esposa y compañera".
"Estos dos elementos: la tenacidad en el trabajo y la explosión del Amor, confluyeron en una nueva simbología pictórica que sintetizaba mi ya largo recorrido en el quehacer artístico. Mi obsesión por la luz, el movimiento y sus concomitancias con el sonido me llevó a desear seguir creando"sinfonías cromáticas" que transmitan mensajes de paz, amor, fe, esperanza y una radiante alegría de vivir".
Para Junio de 1994 presentó a la ciudad de Nueva York su "Sinfonía de las Esferas Luminosas", la cual constituyó una experiencia inolvidable de arte cinético de la Nueva Era para los concurrentes a la misma: esferas girando libremente en el espacio de la galería, pompas de jabón saliendo de todos los extremos, música y luces especiales de todos los colores hacían virtualmente cobrar vida a las obras colgadas en la Sala, algunas de las cuales, suspendidas en hilos de nylon, parecían flotar en el espacio.
El Artista había retornado después de cinco años de ausencia.